Cuando no te gusta volar y vuelas con Ryanair

Con este post, inauguro una nueva categoría de artículos de viaje en el blog: Reflexiones Viajeras. Si bien es cierto que en las guías suelo dejar un apartado para la experiencia personal y la valoración y que todas las entradas tienen por lógica un toque propio en forma de opinión, algunas situaciones dan pie a escribir una reflexión atemporal o una historia concreta que ya sea por ser singular o incluso denunciable, puede merecer la pena compartir.

Cabina de un avión de Ryanair.
By Ruthann from Western Ireland (EI-DPN, Ryanair 737-8AS cabin layout.) [CC BY 2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/2.0)], via Wikimedia Commons
Parece evidente que lo peor de cualquier viaje es el traslado en sí. Además, no me gusta volar. No me crea pánico ni nada por el estilo, pero no me siento cómodo en los aviones. Sé que es una afirmación contraproducente para alguien que le encanta viajar, pero más o menos lo llevo bien porque las ansias de Nuevas Sendas me compensan. Dicho esto, hay situaciones que te ponen a prueba. En concreto y con el tema de los aviones recuerdo las siguientes:

  1. Vuelo México DF - Cancún (México). Al acercarnos a Cancún, había una gran tormenta y el avión comenzó a dar vueltas por la península del Yucatán. Creo que viendo que la tormenta no se disipaba y que nos estábamos quedando sin combustible, comenzamos finalmente a descender. Solo recuerdo la lluvia torrencial, las enormes turbulencias al pasar entre las nubes y el alivio que sentí cuando por fin pude ver con claridad el aeropuerto.
  2. Vuelo Denpasar - Labuanbajo (Indonesia). Nuestro avión de hélices estaba ya aterrizando en el aeropuerto de Labuan Bajo pero volvió a subir bruscamente por la repentina aparición de un perro en la pista. La visión de algunos trabajadores corriendo por la pista detrás del perro dejó de ser cómica, cuando después de aterrizar, vimos a un militar con una escopeta que prefiero no saber si fue usada con el can.
  3. Vuelo Lima - Iquitos (Perú). Tuvimos que aterrizar en un aeródromo bastante lejos del destino porque en el aeropuerto de Iquitos se había averiado un vehículo en la única pista disponible. Con algo más de 3 horas de retraso llegamos por fin a Iquitos.

Todas estas desventuras se quedan afortunadamente en simples anécdotas cuando terminas bien el viaje. Incluyendo la que os paso a contar a continuación y que tiene un desenlace práctico que os puede interesar si (espero que no) os encontráis alguna vez en la misma tesitura.

Colorido avión para un vuelo Bankok - Siem Reap
Para ir a Islandia desde Madrid y después de comparar mucho en los buscadores, me convencí en reservar un vuelo que saldría un viernes por la tarde con Ryanair, dormiríamos en Copenhague y a la mañana siguiente tomaríamos un vuelo diferente con Icelandair a primera hora de la mañana. Los precios eran similares a coger un vuelo con escala normal. Con este recorrido ganaba dos cosas: poder llegar a una buena hora a Reikiavik para aprovechar el día (los vuelos con escala llegaban casi todos de madrugada) y a la vuelta conocer Copenhague durante un fin de semana. Antes de seguir, advertiros que cada vez hay más facilidad para coger vuelos directos a Reikiavik y es que ¡Islandia está de moda!

Al grano. Despegamos del aeropuerto Madrid-Barajas a la hora prevista en dirección Dinamarca. Al poco me doy cuenta que el avión no parece haber tomado mucha altura. El piloto nos comunica que por un problema técnico tenemos que volver a Madrid, que va a bajar el tren de aterrizaje para perder combustible (con el tanque lleno no puede aterrizar) y que volveremos en una hora. Al no dar más información, imagino que puede ser algo del motor. La gente como es lógico se pone nerviosa y los niños cansados empiezan a llorar.

La cosa no mejora cuando volvemos a Madrid. No podemos salir del avión, pues está prohibido. No se nos informa de nada y lo único que vemos son un par de mecánicos toqueteando el motor izquierdo. El tema se desborda cuando una señora comienza a recorrer el pasillo al grito de ¡No voléis con ellos! ¡Es un problema en el motor! ¡Vuestra vida es más importante! En fin...Yo ando algo nervioso, sé que si no arreglan lo que sea que tienen que arreglar, ese día no volamos. Pero ando también indignado por la incapacidad de Ryanair de gestionar un problema de esta índole y más aún por no ser capaces de dar al menos un vaso de agua y un snack a los pasajeros. Para colmo, van a acabar ganando más dinero con la venta de bebida y comida.

Se acerca un auxiliar de vuelo bastante majo y nos intenta explicar que se trata de un fallo "no vital", un filtro que está mal ajustado y que por temas de protocolo había que volver para arreglarlo. Nos advierte de todos modos, que eso es lo que ha creído entender al piloto. ¿Tan difícil es explicarlo por parte de alguien que represente a la compañía y evitar así todo el revuelo entre la gente? Pasadas tres horas más en tierra nos piden que nos sentemos para hacer una prueba del motor (cruzamos los dedos mientras pensamos en lo rocambolesco de la situación). "Señores todo bien, nos vamos".

Copenhague, nuestro ansiado objetivo.
El vuelo de 3 horas pasó a ser de 7 y al llegar a Copenhague tuvimos que coger un taxi en lugar del metro para llegar al albergue a una hora que nos permitiera dormir al menos 3-4 horas. Afortunadamente el vuelo del día siguiente creo que fue el más placido que he tenido nunca. Para el recuerdo me quedan dos frases durante el vuelo. La primera del auxiliar de vuelo "majete" que me dijo: "Esto es la primera vez que me pasa en 4 años que llevo aquí". Claro, yo no evité pensar que no me tranquilizaba romper justo ese día su estadística. La segunda de otra auxiliar que me dijo:"¿Te da un poco de miedo volar? Pues eso hay que corregirlo...". Yo podía haber contestado que con la terapia de choque de Ryanair no sé si lo conseguiría, pero me callé.

Para terminar viene la parte práctica y seguro más interesante para vosotros. 16 días después de ese vuelo y ya en casa, me acordé de que tenía que poner una reclamación a la compañía. Por lo menos quería que me pagaran una indemnización por los gastos de taxi, el albergue que casi no pisamos y los 4,5 euros de la coca cola y el kit-kat que compré en el avión. No penséis que soy un tacaño, lo de los 4,5 euros era mi forma de denunciar que no nos habían dado ni una botella de agua dada la situación. Rellené el formulario de reclamaciones sin mucha esperanza y esperé: https://eu261claims.ryanair.com/?lg=ES

La sorpresa vino en la rápida contestación por email. Ryanair me pedía disculpas por el retraso ocasionado por un inesperado fallo técnico, me confirmaba que no me podía ingresar los gastos que yo solicitaba al no estar contemplados, pero que por el Artículo 7 de la UE 261/2004 me indemnizarían con 400 euros por pasaje (el vuelo había costado 150). Es la primera vez que me pasaba algo así y reconozco que no sabía que estaba tan regulado (entiendo que la indemnización ha sido por un retraso de 4 horas en un vuelo de unos 2000 km, no por el problema técnico). Lo que es evidente es que si no hubiera reclamado, no me habrían mandado ningún correo y de cara al presupuesto final del viaje fue sin duda una buena noticia, pero espero que ni Ryanair ni ninguna otra compañía vuelva a tener que hacerme una transferencia por este tipo de cuestiones.

No tengo nada contra la empresa y soy consciente de lo útil que es para todos la cantidad de rutas que ofertan. Si me hubiera pasado con otra compañía lo diría igualmente, pero ha sido con ellos y creo que la situación de un problema técnico en el motor es lo suficientemente singular (afortunadamente) como para que cuiden más la relación con el pasajero.