Camino Inca, día 3

Día 9. Camino Inca a Machu Picchu. Día tres.


A TENER EN CUENTA.
Esta es una etapa con más toboganes de subidas y bajadas que los dos primeros días. Casi todo el tiempo el sendero es una calzada de piedra que se haría bastante duro si no fuera porque este día se pasa volando.

Culturalmente este es el tramo más importante del Camino Inca, pues se visitan varias ruinas a lo largo de la ruta. Otro punto destacado es el camino selvático por el que nos vamos adentrando según avanza la etapa.

Una gran bajada final nos deja en el campamento a la espera de llegar a Machu Picchu al día siguiente.

EN IMÁGENES.




















NUESTRO DÍA.
Llaman a la puerta de la tienda, las seis de la mañana, parece que no fue un sueño, superé el segundo día de ruta, me llevaron la mochila, sí, pero el desnivel lo subí yo solita y ahora... estoy en la cima del mundo y me siento realmente bien, como si nada pudiera acabar conmigo. Soy mucho más fuerte de lo que pensaba. Pero no hay mucho tiempo para darle vueltas a estas cosas, nos espera el día largo, el que más horas vamos a andar, pero también el que más ruinas incas vamos a visitar así que... vamos allá!
Para no perder las buenas costumbres dejamos el segundo campamento, Pacaymayo Alto, y el camino se empina, Runkurakay y sus 3780msnm nos espera. A mitad de la subida aparecen las ruinas de Runkurakay, lugar de descanso y relevo para los chasquis, una especie de carteros todoterreno de los Incas, capaces de llevar un mensaje entre Cuzco y Machu Picchu en sólo 5 horas, relevándose cada cierto tiempo. La forma del lugar es muy curiosa, se parece al cuchillo  ceremonial de los sacerdotes de la época.
Después de la visita seguimos con la cuesta y llegamos a la cima. Es el último gran esfuerzo del día y se agradece. Allí hacemos una ofrenda a la Pachamama para agradecerle el haber llegado hasta allí y pedirle por lo que aún nos queda. Tres hojas de coca y dos piedras que llevábamos en el bolsillo desde que empezamos la ruta se quedarán allí para siempre.
Y comienza la bajada hasta el siguiente lugar arqueológico, Sayaqmarka, centro militar de control del camino con vistas a Qonchamarka otra bonita ruina.
Descanso para comer por última vez los platos típicos que nos prepara Carlos y de vuelta al camino. Tenemos que coronar el último pico de la ruta, Phuyupatamarka (3620msnm). El camino entre el campamento de la comida y ese pico es el más espectacular que hemos visto nunca, sólo por verlo ya ha merecido la pena el esfuerzo, es como estar en mitad de la selva. Cuando llegamos arriba nos espera una sorpresita o dos, desde allí vemos por primera vez la montaña Machu Picchu y el pueblo de Aguascalientes. La meta se ve ya muy muy cerca.
Y ahí comienza realmente la paliza de este tercer día, tres horas de bajada y 3000 escalones para llegar a nuestro último campamento. Menos mal que el descenso aún guarda dos sorpresas, Phuyupatamarka un observatorio astronómico inca e Intipata una zona de terrazas para alimentar a la gente de Machu Picchu.
Dos mil novecientos noventa y ocho, dos mil novecientos noventa y nueve, tres mil. Llegamos al último campamento, Wiñaywayna. Nunca pensé que diría esto pero tengo la sensación de que voy a echar de menos cosas que nunca imaginé y todo por lo que he vivido durante estos cuatro días. Ni dormir en el suelo, ni los baños agujero, ni el frío por las noches, no cambiaría absolutamente nada de esta experiencia.
Pensaréis que eso es todo por este día pero no, Carlos nos tenía preparada una última sorpresa para nuestra última cena en el camino que dejo que descubráis en las fotos, sólo recordaros que las comidas se hacían con un infiernillo de gas y dos ollas.
Y llegó el momento de despedir a mi cocinero favorito y a sus ayudantes, creo que no los hemos nombrado así que allá voy. Muchas gracias Cecilio (63 años), Andrés (33 años) y Elías (25 años) por hacer posible la aventura de nuestras vidas.
Vir