Amazonas peruano, día 4 y vuelta a Iquitos

Día 18. Remando en el Amazonas.


A TENER EN CUENTA.

Último día en el Muyuna Lodge.
Anoche estuvo casi todo el tiempo lloviendo y no pudimos salir de safari nocturno. Esta mañana el tiempo se ha levantado revuelto y teniendo en cuenta como es el clima por aquí, en cualquier momento puede ponerse a llover.

Como son nuestras últimas horas en el Amazonas y a pesar de la amenaza de lluvia, decidimos embarcanos en unas canoas remar río arriba. El esfuerzo que hay que hacer es mayúsculo y más cuando empieza a llover torrencialmente...Pero nos ha merecido la pena.


Iquitos.
Yo no gastaría un día entero en la ciudad pudiendo estar en un albergue en la selva. En todo caso, en las horas que puedas tener de espera a que salga tu vuelo, hay algunas cosas que puedes hacer.

Todo el mundo nos dijo que merecía la pena ir al mercado del barrio de Belem por la mañana (nosotros no fuimos porque estuvimos por la tarde). Pero nunca meterse en el barrio (hacia abajo), si acaso alquilar una excursión en barca para ver las casas "flotantes". La zona es peligrosa.
Por lo demás, si tienes tiempo, un paseo por la plaza de Armas y por la orilla del río es la mejor opción.

MÁS IMÁGENES.








NUESTRO DÍA.
Por la lluvia, anoche no pudimos salir a ver tarántulas, así que hemos vuelto a madrugar mucho para aprovechar nuestro último día en la selva. Después de un paseo en canoa y del desayuno, hemos cogido los remos y nos hemos metido una buena paliza bajo una continua lluvia torrencial, hasta la hora de comer. Aquí todo es una aventura.
Y nos hemos despedido poniendo de nuevo rumbo a Iquitos, navegando hacia abajo el Amazonas. Nos ha dado una pena tremenda tener que irnos, más que en ningún sitio. Se nos ha hecho muy corto.
Ya en Iquitos, hemos dado un pequeño paseo. Creíamos que la aventura la habíamos dejado atrás cuando dejamos la selva, pero aún había que llegar al aeropuerto rumbo a Lima. Al conductor de la agencia se le había estropeado la camioneta, así que viene a buscarnos con un coche prestado. Tras andar dos cuadras, vemos que la llanta está por los suelos. Nuevo cambio de transporte. Tomamos un motocarro y nos montamos los tres. Justo el transporte que no había conseguido que Vir quisiera coger. A los cinco minutos y después de echar gasolina, el motocarro dice basta. Somos unos gafes y al final perdemos el avión...afortunadamente un nuevo motocarro aguantó nuestro peso y el de las mochilas.
Vuelo turbulento hasta Lima y taxi compartido hasta nuestro hotel en el distrito de Miraflores.
Sergio.